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sábado, 30 de agosto de 2008

¡Al gabarrón!

Al grito de ¡Al gabarrón!, un puñado de adolescentes de rostro paellero, se adentra en el agua, corriendo y salpicando; un rito iniciático que lleva décadas realizándose en Donosti.


Una de las maneras más sanas que los donostiarras tenemos de demostrar que estamos en forma es ir al gabarrón, una pequeña plataforma, fondeada en la bahía, con trampolín y txirristra (tobogán) para lanzarse al agua. Es un ejercicio muy ameno aunque con ciertas dosis de peligro, ya que la profundidad donde está anclado es de unos cuatro metros y, durante parte de la aproximación, no se toca fondo.

Ir al gabarrón no demuestra per se, valor y destreza; el asunto tiene su truco. La diferencia de mareas y el perfil de la playa, hacen que entre la pleamar y la bajamar, la distancia que haya que nadar se multiplique por siete; así, lo que en su momento más próximo no lleva más de cuatro o cinco minutos de braza sosegada, se convierte en su punto álgido, en quince o veinte de chapoteo agónico entre olas y corrientes.

Y luego hay que volver.

Compartimos exhibición, tres generaciones. Los jóvenes, procurando que se entere toda la playa, sobre todo las vecinitas de toalla (miradas y risitas); los "mayores", procurando que se enteren sus compañeros de mus, "Ayer di un paseo por la playa, y al volver, nadé hasta el gabarrón. ¡Ordago a grande!" (miradas y risotadas); y los padres con nuestros hijos, procurando que la madre se entere y de su permiso (miradme y reíd).

Nos une asimismo el deseo del anonimato selectivo, los adolescentes, con sus progenitores; los "mayores", con sus médicos; y los padres de la criatura, con sus abuelos. En caso contrario, la misma frase elimina toda épica del reto conseguido, "¿Pero, cómo se te ocurre, tuestasloco?" (con miradas pero sin risas).



Todos los años me gusta ir en ambos casos, con marea baja y marea alta. Hace poco ya hice el recorrido largo y el sábado, que coincidió la marea muy baja, me propuse hacerlo con Asier.

_Asier, ¿quieres ir conmigo al gabarrón? - digo, esperando una afirmación.
_¡Vale! - responde al instante -, pero con el pirautxo (la barquita hinchable).

(Antes de que continuéis leyendo angustiados, os diré que Asier ya sabe nadar, con sus manguitos, y que se desliza por el agua como cualquier cachorro de mamífero, cabeza fuera y movimiento acompasado de las cuatro extremidades.)

Así pues, cojo la cuerda, perdón, el cabo frontal de la embarcación y voy arrastrándola mar adentro. Según vamos acercándonos, me doy cuenta de que tenía que haber desarrollado más el tema.

_Aita, yo me tiro del trampolín, ¿vale? - me suelta de pronto.
_Esto..., mejor que no, hijo - respondo - que te puedes resbalar y caer mal.
_Vale, ¿pues me lanzo por la txirristra y me coges? - continúa.
_Me parece algo peligroso - le digo - la escalera resbala un poco y se va a mucha velocidad.

(También recuerdo que va sin bañador, cual ciclista francés por Donostia, y puede dejarse el culo al deslizar; quizás no haya sido tan buena idea venir.)

_Bueno, pues me tiro del borde y ya está - sentencia.
_Vale - acepto.

Estamos a punto de llegar. Han sido cinco minutos y hay cola para subir. Se sujeta a las escaleras y un hombre le ayuda, amable. Tras él, voy yo, y nos sentamos felices al sol.

¡Vaya! Con esto no había contado, la brisa se lleva la barca de vuelta a la orilla. Hablo con Asier y se queda en mitad de la plataforma, serio y formal. Me lanzo al agua y la traigo de vuelta, amarrándola a una argolla con un nudo marinero.

Subo y Asier se pone de pie.

_Ahora el chapuzón ¿verdad? - habla con cara risueña.

De pronto me viene a la mente, el bacatazo de mi hermano mayor hace unos años. Los bordes del gabarrón están grasientos de las cremas solares y si te lanzas con poco cuidado, el último impulso se convierte en un resbalón de graciosas consecuencias. Bueno, graciosas en el caso de un adulto, que además sea tu hermano y que encima haya estado jactándose de su perfección en el salto de cabeza.

No me queda otra que decir :

_Mira, mejor te bajo al pirautxo y de allí te tiras, pero cuando lleguemos a la orilla.
_A la orilla no, que me hago daño - replica.
_No, en la orilla no, donde cubra mucho - rectifico.
(Parece que las charlas sobre tirarse de cabeza donde no cubre han hecho su efecto, por lo menos por ahora.)

Le dejo en la Zodiac (modelo "Winnie The Poo"), y terminamos la travesía.

Epílogo:

Cuando llegamos "donde cubre", se tiró todas las veces que quiso.

PD Toda la aventura fue realizada bajo el visto bueno de la madre del menor, que comprobó el correcto inflado de la nave, de los manguitos salvavidas y supervisó su habilidad natatoria , así como su capacidad para "hacerse el muerto" y flotar sin esfuerzo.

PD2 Gabarrones actualmente hay tres, pero seguimos diciendo "¡Vamos al gabarrón!", los que vimos colocar el primero, y único durante mucho tiempo.

PD3 La foto es por la tarde, en pleamar y con una galerna próxima; no penséis que somos unos locos.

PD4 Definitivamente, fue un GRAN día de playa.

martes, 26 de agosto de 2008

Estampas de Valdeón (Horacio).

Desempolvamos los senderos de los Picos de Europa. Caminamos por el recóndito Valle de Valdeón, Atxerito, Sakatxepas, Trontxazarzas y Amamira (algún día explicaré los apodos). El cielo está claro, es día de descanso y buscamos un riachuelo para comer.

Llegados a Soto de Valdeón, adelantamos a un anciano con un par de muletas. Cruzando a su altura me fijo en él y veo mil historias que me gustaría conocer. Como siempre, no sé como empezar la charla , así que le saludamos y continuamos nuestro camino.

Sin embargo, poco más adelante, encuentro mi excusa. Un balancín infantil, en un parque semiabandonado, es mi coartada, así que dejo que Atxerito dé rienda suelta a su energía y me quedo esperando.

Al cabo de un rato, por el rabillo del ojo, noto que el anciano se acerca, me giro y le vuelvo a saludar. Un "Buenos días", bien pronunciado; un cruce de miradas, mantenido; para el buen entendedor eso significa "me gustaría charlar con usted". Sakatxepas, desde la mochila a mi espalda, también ayuda con un "Hola" musical, recién aprendido.

Funciona.

Se llama Horacio, aunque esto no lo supe hasta el final. Vive todo el año en Barcelona y vuelve al pueblo un mes al año. Le dejo hablar, al fin y al cabo, qué puedo aportar yo a un hombre que ya había vivido toda una vida antes de que yo fuera siquiera un proyecto. Sin embargo, busca mi opinión, charlamos, dialogamos, nada más lejos del monólogo de un anciano achacoso y quejica.

Cuenta que en Barcelona, camina hasta un parque que hay debajo de la casa de su hijo, donde vive, y se sienta a esperar... nada, sin embargo aquí, el campo es grande y la mirada llega hasta lo lejos.

Le brillan los ojos (de verdad, no como en el tópico) cuando habla de cuando las campanas tocaban a rebato, y todos los mayores de catorce tenían que acudir a la plaza para la caza del lobo. Se asignaban puestos en el monte donde tenían que hacer todo el ruido posible y espantarlo hacia unas trampas en las que caía al huir. Recuerda cuando, recién cumplida la edad, le tocó el puesto más alejado y solitario; muerto de miedo, se desgañitó para espantar a la fiera y que no pasase a su lado.
Nos habla del último oso del valle. Lo cazó el alcalde cuando un día encontraron a su yegua favorita muerta, con el cráneo destrozado. Yacía en un suelo dibujado con signos de lucha. El animal había protegido a su potrilla recién nacida, colocándola entre la peña y ella, mientras se enfrentaba a su agresor. La cría consiguió escapar, pero la madre cayó de un preciso zarpazo sin llegar a saber que su descendencia estaba a salvo.
Se le quiebra ligeramente la voz cuando recuerda lo que fue y ya no es, amigos que ya no están, campos convertidos en zarzales, molinos abandonados que sucumben al paso del tiempo...
Durante un breve instante, parece dudar, pero continúa. Habla de la época de Franco y baja la voz, quizás esté hablando más para sí mismo que para nosotros. Habla de nueve años perdidos, de juventud, de Africa,... el tema me es familiar y evito preguntar.
De pronto, parece recapacitar y me cuenta algún achaque de sus rodillas. Sonríe, pícaro, cuando me dice que le extraña caminar más despacio que antes pues, al fin y al cabo, ahora tiene cuatro piernas y antes sólo dos. Reímos con una risa cómplice y liberadora.

Atxerito empieza a cansarse, noto que él lo vé y comenta, atento, que tiene que irse a casa a comer.

Le pregunto su nombre, así permanecerá en mi memoria y no se convertirá en un recuerdo difuso, le digo el mío y nos damos la mano. Es un apretón fuerte, largo, sincero. Reminiscencia de cuando darse la mano no era meramente un gesto. Así lo siento y se lo agradezco.

_Muchas gracias, hasta el año que viene. Espero verle por aquí - le digo, manteniendo la mano.
_Si Dios quiere - replica. Cuando uno se acerca a la cima, se ven las cosas así. Bueno, yo tengo 84, mi hermano que vive en Posada tiene 96, así que.... y vuelve a sonreír. Sólo nos vemos un par de veces en todo el verano, el camino se hace largo.

(Posada y Soto sólo distan uno o dos kilómetros)

Aclaración:

Esta entrada no la ilustra ninguna imagen por un sencillo motivo. Podía haber puesto un bastón, un paisaje, cualquier cosa, pero lo único que merecería aparecer como encabezamiento sería una fotografía de Horacio que le hiciera honor.
Sé que en el estudio fotográfico podía haberlo hecho, o en su propia casa, rodeado de recuerdos pero, en aquel momento, una instantánea hecha de cualquier manera, mostrando a un hombre con dos muletas, aparentemente vencido, cansado ,.... No, definitivamente él no se merecía eso. Se merece que le guarde en la memoria con la fuerza que transmitía, con las historias que nos regaló, con la vida de otra época que sólo acertamos a atisbar. Se merece que vosotros os creéis vuestra propia imagen de él, la que crean las palabras, fuera de apariencias externas que, al fin y al cabo, no son mas que fruto de los años vividos.

Quizás el año que viene, me lo vuelva a encontrar, esta vez con mi cámara de fotos, con el carrete de blanco y negro, y me atreva a pedirle que pose para mí.

Pero quizás el año que viene, no me atreva, quizás el año que viene ya no esté...

Horacio; un lobo; una yegua; un oso; una vida.

Enseñanzas montañeras (para hijos).




1._ Aunque no sea de tu talla, si te encuentras con una herradura, recógela; dicen que trae suerte y por probar no pasa nada. Recuerda que es el único calzado viejo que puedes recoger del suelo, evita katiuskas, alpargatas gastadas y demás (bueno, una katiuska en el río puede contener peces, pero coge los peces y deja la bota).
Excepción : En caso de tormenta eléctrica no cojas la herradura, ni la metas a escondidas en la mochila de tu aita.

2._ Puedes recolectar todo lo que te encuentres en el monte que sea comestible.
Ojo, recuerda que las setas pueden ser venenosas, las zarzas llenas de moras arañan y los caseros con frutales tienen perros y escopetas.

3._ Las plantas y frutos de la naturaleza no se dividen en comestibles y no comestibles sino que tienen otros usos, infusiones, tisanas,...
Para más explicaciones pregúntales a tus padres o a la autoridad competente ... bueno, a la autoridad no, mejor consulta la wikipedia.

Apunte final :

_Groucho Marx decía que todas las setas son comestibles, algunas una sola vez.
_Si puedes coger la fruta desde el camino no es robar, pero si llegas con un palo ... que no te vean; en todo caso, nunca rompas una rama para alcanzar algo.
_Alguien tendría que explicar a cierto casero de Hondarribia que la "hierbabuena" que planta su hijo bajo los manzanos no es la que se usa en los mojitos cubanos, aunque también tenga gran aceptación en la zona caribeña (Jamaica sobre todo).

PD Como curiosidad y para salir del paso, la tercera imagen es de una planta de la familia de las rosáceas. Mira por donde.

domingo, 24 de agosto de 2008

Enseñanzas montañeras (para padres).

1._ Si tu hijo pequeño hereda pantalones de monte de su hermano mayor y no hay que remendarlos ni añadirles refuerzos, algo haces mal.
2._ La fruta que se coge en el campo no mancha, adorna.
3._ Aprovecha para explicar refranes. "Quien algo quiere, algo le cuesta", se transforma en "Si coges moras, te puedes pinchar". Si además insistes en aplicar "betadine" ante cualquier heridita*, la enseñanza quedará doblemente grabada (aunque personalmente creo que, salvo si hay mierda de por medio, "chupando un poco, ya vale").

PD: La única excusa para que tu hijo vuelva del monte como salió de casa, es que al día siguiente le espere una sesión de fotos altamente remunerada y pueda peligrar el contrato.
Bueno, a menos que la sesión sea con North Face o Lowe Alpine ...

*heridita : Sin llegar a necesitar torniquete, toda herida por la que no gotea la sangre.

miércoles, 20 de agosto de 2008

Indignación koxkera y reconciliación.

Paseo dominical. Julio 2008.

Voy solo por el muelle, el puerto de Donosti, (para los lugareños "el muelle"), y me cruzo con multitud de turistas.

Llueve.

Van cubiertos por esos plásticos de colores que venden en "los chinos" por un euro y hacen las veces de chubasqueros. Pienso en la gran labor de las guías extranjeras (tipo Guía del Trotamundos), sobre San Sebastián, que le otorgan un suave clima atlántico, con escasas lluvias en verano. Ingenuos, algún día las actualizarán y se acabará el chollo, pero mientras tanto, por lo menos alguien hace el agosto.

Como decía, voy caminando por la zona más koxkera (típica de la parte vieja y el muelle, de la ciudad) de Donostia y un cartel de colores irisados me llama la atención.


¿Paella?, ¿Aquí?, ¿A más de ochocientos kilómetros de Valencia? En fin, pienso que el distraído viajero japonés, después de recorrer veintemil kilómetros, puede caer en la trampa, pero al turista cercano ha de llamarle la atención semejante oferta. Bueno, será un caso aislado, fruto de la picardía, pero en el siguiente restaurante, el cartel se sustituye por una imagen; pero no cualquier imagen sino una auténtica "muestra en vivo", acompañada, por si las dudas, con su etiqueta.


Bueno, ahora que lo pienso, estando por Santander también vi ofertas gastronómicas parecidas, aunque la diferencia entre ambas culturas a nivel culinario es abismal pero .... será la globalización.
La protección acristalada se me presenta interesante. Supongo que no será para evitar humos o salivazos de la gente que se acerque a mirarla. Por un lado, el producto, no tiene el aspecto necesario para producir salivación por apetencia y por otro, no creo que tengan la vergüenza de ofrecer esa misma paella para el consumo humano. Además, el recubrimiento no es lo suficientemente estanco como para evitar el robo de langostinos, la mano cabe por debajo, en caso de que alguien se atreviera a hacerlo.

Sigo caminando y fijándome en lo cambiado que está todo llegado el verano. A la altura de la iglesia, me paro en el cartel de la marisquería para deleitarme con su oferta.


¿Qué?, ¿Caracolillos?, ¿Quien se ha atrevido a cambiarle el nombre a mis karrakelas? Sí, sí, en el resto del planeta, al menos en el resto del planeta que tiene estómago para comer caracoles de mar, se llaman así, bueno, también bígaros, pero aquí siempre han sido karrakelas.
Así se lo digo a mis amigos de fuera cuando vienen, así lo pido cuando me apetece comer un puñadito y así se lo transmito a mis hijos, esperando que mantengan la tradición. Karrakelas, mis adoradas karrakelas, mis deliciosas Littorina Littorea, en cucurucho de papel y sacadas de su concha con un alfiler.


Comer karrakelas, ser de una sociedad gastronómica (o conocer a alguien que lo sea y aprovecharse), salir en la tamborrada, tres pilares en los que se sostiene la sociedad donostiarra que, por lo que veo, poco a poco ve tambalearse uno de ellos.

Horrorizado, pienso en el futuro de mis hijos; comerán caracolillos, en lugar de karrakelas; harán trekking, en lugar de ir al monte; el 20 de enero será laborable y verán la tamborrada de Azpeitia en la tele y, de pronto, me reconcilio con el mundo.


Martín* ha montado el puesto, el último de una antigua hilera que llenaba el paseo del muelle; mucho antes de caracolillos y marisquerías "El puerto"; el puesto que junto a Manoli*, su mujer, le aporta un mínimo complemento a su exigua pensión de marinero. El único que queda y que, dada su posición privilegiada al comienzo del paseo, consigue vender algo (sus precios no pueden competir con "El puerto").

Una familia se ha parado y mira la oferta, karrakelas y kiskillas.
_¿Qué valen los caracolillos?- pregunta el cabeza de familia.
_Las KARRAKELAS, XXX euros*, dos vasitos.

La familia compra, feliz por lo pintoresco, cuatro cucuruchos y continúa su paseo. Se dirigen peligrosamente hacia la marisquería; si se les ocurre entrar a preguntar el precio del kilo se les amargará el día.

PD En la foto se ven los cucuruchos de papel donde se llevan las karrakelas. La medida se toma con un antiguo vaso de txikito (parecido al de los whisquis de las películas del Oeste), donde caben seis o siete karrakelas. Si te toca una gorda la primera, quizás sólo quepan cinco. Dos vasitos por cucurucho.

*Se ha intentado preservar los nombres y los precios en el anonimato. Si queréis saber más, pasad y preguntad, así quizás compréis algo.

domingo, 17 de agosto de 2008

¡Pum!

Fiu, fiu, pum, pum.
Fiu, fiu, fiu, fiu, fiu, fiu, fiu, purrupum, purrupum, prá, prá.
Fiu, pum, fiu, pum, fiu, pum ...


... y un helado.

PD Se acabó la semana grande.

jueves, 14 de agosto de 2008

Panda, patadas y palomitas.

Tras la primera película de cine con Asier, con Indiana Jones (y su dudosa calificación de Para todos los públicos), el pasado jueves fuimos a una auténtica sesión infantil, no tanto por la película en sí (Kung-fu Panda gusta a pequeños y mayores por igual), sino por todo lo que la rodeó.

Veinte minutos antes seis de la tarde, nos dirigimos a los cines de La Bretxa. Lloviznaba, así que ya me temía lo que nos íbamos a encontrar; una larguísima cola para coger las entradas se extendía hasta la puerta y otra, más larga aún, nos esperaba para entrar.

Lejos de los malos modos y caras largas habituales en estas situaciones en caso de adultos, todo eran risas y bromas entre los niños. Asier, visiblemente nervioso, no paraba de hablar de la mantis y del panda, del panda y de la mantis y, cuando entramos, la bolsa de chuches y el paquete de palomitas (tamaño abrazo) unieron a padre e hijo en una de las experiencias más bellas de la vida, compartir afición y alimento.


P.D. : Afición y alimento, cine y palomitas, monte y bocadillo, qué paralelismo más curioso entre el séptimo arte y la montaña...
PD2 Queda pendiente otra de un robot del espacio, Wall-e, pero eso será otro día, y serán otros chuches y palomitas. También serán otros montes.
PD3 El tamaño abrazo en las palomitas es el del paquete que no se puede coger con una mano, sino que hay que rodearlo con el brazo para poderlo llevar (y tengo la mano grande, las dos).

martes, 12 de agosto de 2008

El manzano.

Al hilo de un comentario de eresfea, sobre métodos de educación, un cuento.


Paseando por un pueblo, los discípulos preguntaron a su maestro por el mejor método para educar a un hijo. El maestro calló un momento y les respondió, señalando a un prado cercano:

_Fijaos en los niños que están junto a ese manzano.

Los discípulos siguieron sus indicaciones y observaron en silencio.

Bajo el árbol, había cuatro niños que querían coger manzanas.
El primero, subió a por ellas, pero no sabía agarrarse, se cayó y no cogió ninguna.
El segundo, se quedó debajo, temeroso, y mirando por si caía alguna; tampoco consiguió nada.
El tercero , también temía encaramarse. Se fue a por una vara y rompió una rama de las de abajo, que cayó con un par de manzanas; las recogió del suelo y se las comió rápidamente.
El último, empezó a trepar y, con cuidado, cogió todas las que pudo, las mejores. Con las manos llenas, pidió ayuda a sus compañeros y las dejó caer. Luego bajó y las repartió entre todos.

_¿Cómo han educado los padres a esos niños y cuál es el mejor método? - preguntó el maestro.

Ante el silencio de los discípulos, continuó hablando :

Al primero de ellos, sus padres le han enseñado a ser independiente y decidido, pero no le han enseñado a subir a los árboles y no ha podido coger nada.
Al segundo, lo han protegido en exceso y le han procurado de todo, pero cuando ha tenido que actuar por su cuenta, no ha sabido qué hacer.
El tercer niño, es consciente de sus limitaciones; le han enseñado a pensar y ha buscado una solución a su problema, pero no ha sido capaz de ver más allá de sus propias necesidades y no le ha importado el daño que pudiera hacer para conseguir su objetivo.
Al último , sus padres le han dado confianza en si mismo y le han enseñado a trepar, pero también a pedir ayuda cuando lo necesitaba y a compartir lo que tenía.

Así es la educación de los niños, si les dejamos que aprendan solos o los sobreprotegemos, se encontrarán perdidos; si les enseñamos a pensar y a actuar únicamente por su cuenta, solucionarán sus problemas pero serán egoístas, y no dudarán en hacer lo que sea para conseguir sus fines; si por el contrario, les ayudamos a buscar su camino, y les enseñamos a pedir ayuda cuando lo necesiten y a compartir lo que tienen, les habremos dado lo mejor que se pude dar a un hijo : independencia, humildad y generosidad.

PD La foto no es de un manzano, es de un cerezo de Collía (Asturias), que en primavera estaba en flor. Para cuando volvimos no quedaban mas que huesos a pie de árbol.
PD2 El cerezo es más difícil de trepar que el manzano.

domingo, 10 de agosto de 2008

Vía verde del Plazaola I (A topa tolondro).

Viernes 8 de Agosto de 2008, mientras otros inauguran los juegos olímpicos, nosotros barzoneamos.

El sábado comienza la Semana Grande donostiarra. Música, ruido, gente y más gente, cañonazo desde el ayuntamiento,... decidimos huir y surge una idea pospuesta por mucho tiempo.

_¿Porqué no hacemos eso del tren que salía de Andoain? - me dice Nieves.
_¿El tren del Plazaola? - le contesto y pregunto._Sí, bueno, eso. Con tal de no aguantar la música y el alboroto... - comenta ella mientras cambia el pañal de Aimar, tiene en el microondas su biberón y prepara al fuego la cena de Asier (esa tarde, realmente, sólo barzoneaba yo).

Bueno, será por un par de días -pienso para mí - porque el domingo hay que estar de vuelta.

No caía en la cuenta de que el destino siempre esquiva nuestras cintas.

Comienzo a recabar información del trayecto, duración, distancia, hospedaje (sería bonito hacer noche en Leitza)...
Reconozco que soy excesivamente minucioso cuando preparo recorridos y rutas. Me gusta documentarme todo lo que puedo, con lo anteriormente dicho y con todo lo que pueda caer en mis manos; es parte del placer de un viaje, luego llega otro, ordenar las fotos, las anécdotas, contarlo ...
El tiempo es lluvioso, pienso que no lo haremos, pero en la tele anuncian bueno para el fin de semana, así que, sin poder organizarme como quisiera, el sábado estamos en la casa de Rober (que curiosamente vive a pie del comienzo de la ruta), le dejamos las llaves del coche (nuestro pequeño "porsiaca"), y comenzamos nuestra andadura a topa tolondro.


Más aventuras en próximas entradas. Como adelanto, la imagen, claro indicador de lo inexorable del destino, en Leitza también son fiestas y el sábado fue el txupinazo.

PD En la foto, para el ojo entrenado, varios detalles : Un niño sonriente, al que no se le deja subir en los autos de choque porque son peligrosos, pero que mira con ojos de "en cuanto pueda ya verás, aita"; el número 13, segundo número preferido por los "macarrillas de feria", el primero ya sabemos que sale de sumar "sesenta" y "nueve"; y, al fondo, el "recoge coches", feriante encargado de apartar los coches que no se usan y casi en el paro en las grandes ferias donde habitualmente no suele quedar ninguno libre.

PD 2: "A topa tolondro" y "barzonear", expresión y verbo que agradezco a Ander Izagirre, nuevo acceso directo de mi paseo matutino, y que espero haber empleado correctamente, en caso contrario, no me corrijáis y dejadme vivir en mi ignorancia.

PD3: Tras la breve descripción del comienzo, una pequeña del final.
Es domingo, estamos en casa, en la calle resuena, incluso con las ventanas cerradas, "Paquito chocolatero".

Nuestra huida estaba justificada.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Amadeus (Epílogo).

San Sebastián, 2008.

El "GRAN CIRCO COSMICO" hace tiempo que no viene a la ciudad, en realidad, a ninguna ciudad. Los animales terminaron en un zoo, los "arañis" volvieron a trabajar en la vendimia, los "coretti" murieron de cirrosis y los demás volvieron al pueblo o a las fábricas.

Aquel niño de siete años, se dirige a su trabajo. Camina deprisa, llega tarde y, entonces, lo oye. Es un sonido dulce y extraño que hace más de treinta años que no escucha.

Dirige sus pasos hacia la música.

A la vuelta de la esquina lo ve, rodeado de deslucidos carteles y fotografías, fruto de tiempos mejores. Reconoce la levita ajada y se acerca con prudencia; aún conserva su porte digno.

Es él.

Sus dedos, ya no tan ágiles, vuelan por el borde de unas copas que hace tiempo dejaron de ser brillantes y que acumulan el polvo del camino.
Se queda un buen rato escuchándolo, en tanto que la gente pasa y va echando algunas monedas en la caja.
Repite un par de aquellas melodías una y otra vez. Son piezas sencillas y familiares.
Al cabo de diez minutos, saca su cartera, se acerca a "Amadeus" y desliza en su bolsillo un billete de cincuenta euros.
El se lo agradece con un gesto sobrio y continúa tocando.

Sigue camino hacia su trabajo, se le está haciendo tarde.
Entra en el edificio y sube las escaleras hacia el vestuario. Lentamente se cambia y se coloca con cuidado el traje negro.
Al salir, se encuentra con su ayudante que le dice, visiblemente apurado :

_Maestro, la orquesta lleva media hora preparada, le estábamos esperando. Temíamos que le hubiera pasado algo. ¿Qué ensayaremos hoy? ¿Lo de siempre?

_No, hoy creo que haremos algo distinto - responde. Hoy probaremos algo de Mozart.



PD Nunca sabremos qué experiencias de la infancia marcarán el futuro de nuestros hijos.

PD2 Durante estos días se desarrolla en Donostia la 69 quincena musical.

martes, 5 de agosto de 2008

Amadeus.

Una ciudad cualquiera, 1975.

Un niño de unos siete años, de la mano de su hermano mayor, contempla boquiabierto el cartel que anuncia la llegada del "GRAN CIRCO COSMICO".
Hay dibujos del valiente domador, "Bruno", con sus fieras; los ágiles "Arañis", acróbatas de la cuerda floja; el misterioso mago de oriente, "Fú-manchú", con su bonita ayudante; los graciosos payasos, "Hermanos Coretti"; "Gastón", el forzudo; y, en una esquina, "Amadeus", el músico virtuoso.
Tras una dura campaña, plagada de promesas de buen comportamiento y mejora en las notas, la madre le acompaña a la sesión infantil de las cinco de la tarde.
El circo ha vivido épocas mejores, pero a los ojos del niño el espectáculo es, verdaderamente, el más grande del mundo.
Las fieras de "Bruno" rugen lo que pueden, aunque más lo hacen sus tripas; los "arañis" trepan a las cuerdas y se balancean en el vacío, aprovechándose de la altura para ocultar los parches en sus trajes de lentejuelas; "Fu-manchú", el mago de oriente, realmente es gallego, y su ayudante está bastante más entradita en carnes que lo que el cartel mostraba; los payasos, estrellas de la sesión vespertina, continúan teniéndo éxito con sus tropiezos y caídas, aunque alguna de ellas no sea voluntaria y el maquillaje oculte el obvio alcoholismo; las pesas de "Gastón", rebotan en el suelo, cada vez que las deja caer... y llega el turno de "Amadeus".
El jefe de pista lo anuncia como un antiguo niño prodigio que estudió en los mejores conservatorios de Austria y Suiza, que dio conciertos en los más lujosos palacios de europa para reyes y príncipes, y que ahora deleita a todo el mundo con su arte.
"Amadeus" sale a la arena con unas copas de cristal de diferentes tamaños, llenas parcialmente de agua. Su elegante levita negra y sus ademanes contrastan con el estridente colorido del escenario. Poco a poco se hace el silencio, moja las puntas de los dedos y lentamente va rozando los bordes de las copas haciendo salir de ellas, las más conocidas melodías de Mozart.
Los niños y adultos permanecen en silencio durante todo el repertorio, que se extiende durante más de diez minutos. Al finalizar, un cerrado aplauso hace que "Amadeus" se incline dando las gracias mientras siente el calor del público en su corazón.

Aquel año, todos los niños quisieron ser "Amadeus".

PD Fue un buen verano para las tiendas de menaje.


PD2 Los músicos y artistas callejeros que, por estas fechas, pueblan San Sebastián, traen consigo infinidad de historias que nunca conoceremos.

(Continuará)

domingo, 3 de agosto de 2008

6:31.

Oigo una voz en mi cabeza :

¡ATENCION, ATENCION!

La comunicación con su córtex cerebral está sufriendo problemas. Le rogamos que, en tanto se restablezca la conexión, recurra a su hipotálamo.

Le recordamos que, para las actividades básicas, respirar, orinar, alimentarse y caminar, es suficiente. Cuando se restaure la actividad le informaremos puntualmente, mientras tanto, disfrute de su rutina. Se acabaron las vacaciones, bienvenido al mundo real.


Observaciones : Es posible que, durante un tiempo, su percepción de la realidad se vea alterada y confunda los edificios de su ciudad con árboles, las avenidas con caminos, los bocinazos con grillos y los semáforos con puestas de sol.
La sensación es temporal, en caso de angustia consulte sus fotografías y compruebe su calendario para buscar las próximas fiestas.

PD La imagen está trucada y el despertador manipulado. El libro, "Lluvia de hielo" de Peter Stamm, fue gratamente recomendado por eresfea (mil gracias) y cedido durante tres semanas por la biblioteca municipal.