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martes, 30 de abril de 2013

Hurgando.

"¿Acaso ves el moco en nariz ajena y no ves la viga en la propia?"


PD: De la serie: "Soportes equivocados para carteles".

lunes, 29 de abril de 2013

Guratz (9.550 dm.)

Las predicciones del tiempo no son nada halagüeñas para el fin de semana. Pero eso no nos arredra, solo es cuestión de buscar el lugar adecuado al que ir. Miro un par de rutas sencillas y poco expuestas, que tengan fácil renuncia en caso de necesidad. Me decanto por Guratz (9.550 dm) desde Gorriti. El viernes, durante la presentación de Ander, lo comento con Patxi y Josean, y éste último me aconseja comenzar desde el puerto que une Uitzi con Leitza en lugar de lo que tenía previsto.

_La ruta es más bonita, va por un hayedo... Luego te mando un correo.

Y me lo manda, junto con otra excursión que dejo adecuadamente apuntada (no es cuestión de ponerse pesado cada dos por tres).

El sábado madrugamos (entendido el concepto en su acepción familiar de fin de semana, no en la de montañeros ochomilistas) y preparamos las mochilas con rapidez. No hemos tenido tantas excursiones primaverales últimamente como para que se nos olvide qué coger para el invierno. En tanto que caliento el termo de chocolate, los niños se ponen los abrigos y a las nueve estamos en marcha.

Salimos mientras chispea. Creemos que en el interior el temporal traerá menos agua aunque quizás haga más frío. Puestos a elegir si redesayunar en Leitza o Lekunberri antes de desviarnos hacia Uitzi, optamos por la puerta navarra a Aralar. Hay muchos lazos que nos unen a ese pueblo, y son de los dulces. A ratos llueve con más intensidad por la autovía y, a la altura de Berastegi, solo vemos niebla en el valle. Ya en Lekunberri alargamos el receso mientras en el exterior graniza con ganas.

Amaina lo suficiente como para tomar rumbo a Uitzi. Dejamos el pueblo a la izquierda y aparcamos en el puerto, en el ancho arcén de la carretera. El camino comienza junto a la señal que indica erróneamente 802 m.; en realidad estamos a 810 m. No hemos subido ni veinte metros cuando los pronósticos y mis esperanzas se cumplen. No nos mojaremos bajo la lluvia, ha comenzado a nevar. Y lo hace con fuerza.



En un visto y no visto el camino desaparece bajo un manto blanco. Dudo por un instante pero me percato de que la ruta está clara. Lo que parecía un barrizal es en realidad la huella de los camiones o tractores que sacan la leña del bosque. Sin embargo, el lodo es profundo, pegajoso e incómodo y avanzamos por un lateral. Al tiempo, la pista clarea y la nevada amaina. Del suelo brota la niebla (ya fueran setas, pienso) pero andamos con comodidad.



No hay nadie por delante nuestro hasta que un chico con un paraguas nos pasa y saluda. No será el único. Otro hombre con paraguas y su perro nos superan minutos después; son pastores vascos, los dos. La pendiente es escasa y remontamos los escasos doscientos metros de desnivel con tranquilidad. Llegamos a la cima donde esperan dos buzones. Jugamos con el nuevo mientras dejamos la nota en el viejo.



La cumbre está en una loma suave y larga. A un lado, el hayedo y al otro una explanada limitada por un redil. Lo bordeamos para no volver por el mismo camino y enlazamos la pista inicial metros más abajo. Pasamos junto a un haya con las raíces arrancadas y cuyo tronco ha servido para probar una motosierra.



Ya de vuelta casi no reconocemos el paisaje. Los dos o tres centímetros cuajados de nieve han desaparecido y un mundo de sendas paralelas a la que elegimos nos brindan la posibilidad de caminar sin embarrarnos. Tras dos horas y media de caminata nos cambiamos en el coche y damos buena cuenta de una comida paseada.

PD: Volvemos pasando por Leitza y por el desvío a Peru Harri, reafirmando promesas pasadas.

domingo, 28 de abril de 2013

La abuela de Ander y diez más.

El viernes, 26 de abril, Ander presentaba su nuevo libro, "Mi abuela y diez más". Una pequeña historia autobiográfica en la que se entrelazan, en mil y un pases, la historia de la Real Sociedad, de la ciudad y del propio Ander y su familia. Y allí estaba yo con Asier y Aimar, habiendo excusado Nieves su asistencia ("Soy del Athletic, qué quieres"), molestando a un Ander que subía y bajaba la banda, atendiendo a los medios, al portero y a algún delantero.

Al rato se nos unieron Patxi, Jonathan, Pilar, Imanol y Josean, y deambulamos por el museo de la Real Sociedad. Contemplamos las famosas bandejas conmemorativas de las dos ligas; la decoración ambientada en el antiguo campo de Atotxa, cajas del mercado de frutas incluidas; y entramos en la diminuta sala de trofeos, que habría que ampliar en un hipotético futuro porque no han dejado espacio para más.



Llegado el momento, bajamos al graderío y, agolpados como en Atotxa, escuchamos a Emilio Sánchez (libros del K.O.) comentar las dificultades para convencer al autor de que escribiera este libro, y el personal enfoque que le ha dado para salir del atolladero. Ander, a pase de Bixio Górriz, explicó su relación de amor-odio con la Real y un buen número de anécdotas que no desvelaré con afán de que compréis el libro. Una sencilla frase, de difícil explicación para el foráneo, trasluce la actitud tanto del autor como de los protagonistas de su obra: "Somos guipuzcoanos". Y en esa sencillez, en esa timidez para expresar los sentimientos, en ese avergonzarse de los éxitos propios estábamos cuando llegamos al sorteo del libro. Fue Aimar el elegido para sacar de la bolsa el boleto premiado. Lo leyó para el cuello de una camisa que no llevaba y desveló un nombre que no era el nuestro. Una vez más, emoción hasta el pitido final. Así que no tuvimos más remedio, compramos dos ejemplares y uno nos lo dedicó a mi hermano Miguel, forofo de la Real en sus tiempos.

Hoy he terminado de leer el libro de Ander. Lo he hecho en dos partes y un descuento. Pero no hablaré sobre las anécdotas que en él desgrana, sino en lo que ha producido en mí. Ha conseguido mantenerme en un estado de constante emoción, en un escalofrío continuo. Me ha hecho rememorar las mismas sensaciones que él vivió en carne propia. Las mismas fechas, los mismos lugares. He revivido el instante donde estaba con mi familia, pendiente de la radio cuando ganamos la primera liga; la desazón cuando oí, estando solo, esos minutos finales que nos hicieron quedarnos en segunda; y he recuperado, sin darme cuenta, la primera persona del plural para referirme a un equipo del que no soy socio pero que tiene algo especial cuando hablo de él; sobre todo cuando vivía en Bilbao.

Creo que Ander ha conseguido su propósito y en cada uno de nosotros han palpitado por un momento los mismos sentimientos de aquellos años. Él lo negará, como buen guipuzcoano, pero lo ha hecho bien y a conciencia. Incluso eligiendo Madrid como comienzo de su gira para promocionar el libro. Dando al eterno rival el honor que cree merecer pero guardando la sorpresa para ese minuto final, reservando el 26 de abril, día de la consecución de la primera liga, para él y para nosotros.

¡Gol por toda la escuadra!

PD: Habrá una segunda entrada con este tema; como hubo una segunda liga.

viernes, 26 de abril de 2013

Onddi (5.450 dm.)

El viernes pasado sopesábamos acudir a la primera cita de la temporada de Musika Parkean. Sin embargo, el buen tiempo, aunque fresco, previsto para el fin de semana nos animaba más a ir al monte. Y así, el sábado, veinte de abril, a las nueve y media de la mañana, nos calzábamos las botas y comenzábamos a caminar desde Besabi rumbo al Onddi (5.450 dm.).


Desde el inicio nos dimos cuenta de que no íbamos a tener pérdida posible. La senda no estaba balizada con las habituales marcas bicolores sino que de las ramas de los árboles, y cada pocos metros, colgaban  unas tiras de papel y otras de plástico (con publicidad bancaria). Asimismo, en el suelo, unos montones de confeti servían de señal visual a quien no levantara la mirada. Sí, el domingo habría carrera de montaña.

(¿serán biodegradables?)

No queríamos que nos cogieran así que, tras tirarnos un buen rato jugando, animamos la marcha y continuamos nuestra ruta. Llegamos al dolmen de Pozontarri, primera piedra del camino y punto de partida de la ascensión directa al Onddi. Desde aquí, el camino discurre por un cortafuegos, con lo que se hace más aburrido que duro: sin ramas, sin piedras,... y sube directo a la primera cima.


Descansamos un rato y comimos algo. Cuando estábamos preparando la carta para el buzón, Asier encontró una nota dejada por una niña, Oihane, de siete años.


Estaba escrita en un pañuelo de papel, sin dirección, así que la guardamos y nos la llevamos.

Bajamos al collado deteniéndonos junto a una cista, segunda piedra del camino, y subimos a la segunda cima. Estaba llena de maleza y las vistas eran similares con lo que ni nos detuvimos Ahora solo nos quedaba bajar así que, entre brezos y cuentos, nos aproximamos con cuidado al cementerio de los antiguos; últimas y abundantes piedras para rematar la jornada.



Nada más llegar, los niños se pusieron a jugar en el camposanto al más puro estilo mejicano; cuente uno historias de difuntos para esto. Comimos caliente entre las piedras calientes y más de uno, y de dos, aprovecharon para lagartijear al sol (caliente). De vuelta, nos dimos cuenta de que habíamos ido demasiado pronto: las brevas aún no estaban maduras. Tal vez con los higos haya más suerte.


Y unas senderuelas (tres) que solo nos trajeron recuerdos, porque ni para un revuelto.



Un café, cambiar unos cromos y hacer una visita a nuestros amigos de Andoain cerraron un bello día de monte.


PD: Quienes repetirán este sábado nuestra excursión con su pequeña, si el tiempo lo permite (que va a ser que no).






domingo, 21 de abril de 2013

Si los niños gobernaran el mundo.

_Aita, ¿nos cuentas un cuento?- dice Aimar, ya en la cama.
_Bueno, ¿sabéis que en el monte donde vamos mañana hay un montón de cromlechs, dólmenes y menhires?
_¿Y eso qué es?- pregunta Aimar.
_¡Lo que lleva Obélix, Aimar! ¡Calla! Sigue aita- dice Asier.
_Sí, eso. Y resulta que esos montes eran la frontera entre dos culturas. Al oeste del valle ya no hay más menhires.
_¿Y por qué había una frontera?
_Seguramente porque estarían peleando los unos con los otros.
_¿Y por qué?
_Pues por la caza, por la pesca, por tener tierras más fértiles...
_¿Y no podían compartirlas?

PD: La solución en un niño de seis años.

viernes, 19 de abril de 2013

El lado oscuro de la ciudad.

¿Por qué el turismo anglófono dice que se siente incómodo pisando nuestras calles? ¿Por qué hay cafeterías con terraza en las que no se sientan los hablantes de la lengua de Shakespeare (y estadounidenses) ? (Salvedad de los jóvenes, que lo hacen entre grandes risas y gestos obscenos).

_En la imagen 1, la parte trasera de una baldosa de nuestras calles, firmada por el Ayuntamiento de San Sebastián.


(Imagen 1)

 Obviamente el "ASS" se pone debajo.

_En la imagen 2, la carta de la cafetería situada en el antiguo local de la Unión Artesana de San Sebastián.

(Imagen 2)

La verdad es que no tienen el "ASS" muy limpio, aunque le suelen pasar un trapo húmedo de vez en cuando.

PD: En el link, la explicación para los que no entienden inglés.

PD2: Escatológica que me ha quedado la entrada.

martes, 16 de abril de 2013

Canibalismo.

 ¡ATENCIÓN, puede herir sensibilidades!






Un especimen de columba livia a punto de devorar a una cría de su propia especie.





PD: Evito incluir la escena siguiente.

domingo, 14 de abril de 2013

Ulizar (8.680 dm).

El sábado, trece de abril, teníamos pensado ir al monte con nuestro convaleciente amigo, Ricardo. Puestos a preparar una ascensión que no fuera demasiado dura, en un primer momento sopesé Urkieta (8.540 dm.), ya conocido de otra jornada. Y en eso estaba cuando me conecté a internet y la casualidad llamó a mi puerta. Decidido, iríamos a Ulizar (8.660 dm).

Empecé a buscar rutas e hitos y encontré varias. Sin embargo, escribí a nuestro sherpa favorito solicitando confirmación. Siempre es bueno preguntar al que más sabe, no vayamos ahora a dar más confianza a quien no conocemos de nada y publica cualquier cosa en la red. Recibí la información a tiempo.

Así, subiríamos a Ulizar desde Areso, pasaríamos por la ermita de Santa Cruz, llegaríamos al collado de Solizarreta y, en lugar de subir directamente a la cima, bordearíamos ligeramente para avanzar por una pendiente más suave. Para el camino de regreso teníamos dos opciones y cerrar una ruta circular, seguir el GR y acortar por un valle o continuar hasta Pagozelai y empalmar una senda con cascadas y arroyos.

Pero no siempre las cosas suceden como lo planeamos.

El día salió luminoso, más veraniego que primaveral. Recogimos a Ricardo pero había pasado una noche espantosa. Fiebre, sudores, mareos,... la convalecencia se alargaba. Solo un par de pastillas lo hacían tenerse en pie. Sin embargo, no tenía mal aspecto y se encontraba animado. Además, el dopaje en la montaña no está prohibido (léase "Annapurna. Primer ochomil"), así que seguimos.

Redesayunamos en Leitza y comenzamos a andar desde Areso. El camino no está muy bien señalizado en un par de cruces pero no tuvimos mayor problema. Llegamos a la verja roja.

 

Los montes están llenos de estas langas. Generalmente están hechas de madera o somieres viejos pero ésta parecía haber vedado el paso de caminos de más alcurnia.

Cogíamos altura rápidamente. Areso se veía precioso bajo el sol y nos entreteníamos con palos y piedras y contando historias. Llegamos a la ermita. La cruz de piedra se encontraba dentro esperando reparación y las garrapatas campaban a sus anchas en la entrada. No nos detuvimos mucho tiempo.

 

El altímetro aún indicaba muchos metros para llegar al collado cuando vimos Solizarreta. Una vez en el GR, lo tuve que ajustar. ¿Había variado la presión? ¿Vendría mal tiempo? No, simplemente es lo que pasa cuando calibras en un pueblo que tiene una diferencia de casi cuarenta metros entre el ayuntamiento y la iglesia.

Aleccionados, no nos enfrentamos a la cumbre directamente. En su lugar, la acometimos por una ladera más suave, hollando la cima a las once de la mañana (hora solar).

Sacamos las fotos de rigor, comimos algo de chocolate, Ricardo habló por el teléfono satélite... lo habitual en los ochomiles actuales. La ascensión, aunque continuada, había sido sencilla. Más que en una cima al uso estábamos en la parte alta de una loma. No obstante, las vistas sobre las Malloas eran impresionantes, Txindoki, Aizkorri... y más nombres que no conocemos. Aún era temprano para comer y decidimos continuar. Sin embargo, los ánimos ya no eran los mismos. Renunciamos a hacer la ruta circular y optamos por regresar sobre nuestros pasos. Los niños dejaron la nota en el buzón y, menos de una hora más tarde, comíamos en el frontón de Areso. Mientras Asier y Aimar se entretenían jugando en la tirolina del parque como si acabaran de salir de casa, la fiebre comenzó a repuntar y optamos por volver.

Llegando a Donosti, dejamos a nuestro amigo rondando los treinta y ocho.

PD: Aunque él pasa de los cuarenta.

 

jueves, 11 de abril de 2013

Siguiendo el camino.

Otros antes que Aimar recorrieron el camino de la suavidad. Ahora es su momento.

Enhorabuena, Aimar.


Al cambiar de cinturón, el judoka se situa en el centro del Dojo, junto a su sensei, y saluda a sus compañeros.

PD: Rei.

domingo, 7 de abril de 2013

Procesión a Bulnes.

Mucha mesa y mantel está Semana Santa y poco monte. El jueves, veintiocho de marzo, hicimos nuestra única excursión hasta el pueblo de Bulnes. Asier había subido hacía tiempo en mi mochila pero era la primera vez que los muchachos lo hacían por medios propios. A Bulnes no llega carretera alguna, solo un camino que, antes de que se construyera el funicular, usaban los lugareños para subir y bajar, en burro, todo lo necesario. Lo hacía el hijo de Guillermina, la dueña de Casa Guillermina, la del albergue montañero de Peña Maín, donde dormimos aquella vez que se nos hizo de noche y nos encontramos a oscuras con un rugiente mastín antes de cruzar el puente del pueblo, cuando nos extraviamos por la niebla... pero eso es otra historia.

La senda comparte inicio con la atestada ruta del Cares. Así las cosas, tuvimos que aparcar a dos kilómetros y comenzar el camino por una carretera llena de excursionistas que formaban peligrosos grupúsculos a ambos lados. Asier y yo llegamos primero al inicio del desfiladero y esperamos, regalándonos los oídos con los comentarios de los montañeros.

Grupo 1:
_¿A dónde vamos?
_No sé, vamos por este camino mismo.

Grupo 2:
_Yo al Cares no voy, que pone en el cartel que son tres horas. Yo os espero en el bar.
_Pues vamos a Bulnes. Pone que solo es hora y cuarto.



Yo miraba ojiplático a unos y otros. A los que habían llegado hasta allí y no sabían dónde estaban, y a los que se libraron de las tres horas de la ruta del Cares, sin saber que ese horario es solo de ida. Miraba sus espaldas, algunas con una mínima mochila donde apenas cabía un chubasquero y un botellín de agua, y otras sin siquiera eso. También miraba al cielo, que había amanecido despejado pero que amenazaba cambiar a peor. Y eso no era nada bueno. Nieves y yo ya lo habíamos recorrido un par de veces y las rocas, pulidas de tanto paso, son peligrosas si están mojadas.

Llegaron Nieves y Aimar. Un grupo numeroso se acercaba detrás de ellos. Sin pensarlo dos veces nos pusimos en camino. Algo me decía que nos iban a dar problemas. Y así fue.

Al rato de comenzar el grupo se escindió. Bueno, pensé, nos pasarán rápido. Pero no fue así. Llegados a nuestra altura se quedaron detrás de Nieves, llegando a pisarle las botas un par de veces. Cierto que el camino va entre el monte y un cortado pero es lo suficientemente ancho como para pasar sin angustias. Llegó un momento en que tuvimos que parar.

Nos pasaron.

Aprovechamos para comer algo y beber un poco y seguimos. En la primera curva del camino nos los encontramos sofocados, bebiendo y comiendo. Los adelantamos.

Pero a los cinco minutos ya los teníamos otra vez detrás. No había forma de que nos superaran. Ralentizamos, nos escoramos, caminamos en fila india arrimados a la pared,.... nada. Nos detuvimos de nuevo para dejarles vía libre. Fue inútil. Al rato se habían parado de nuevo y los volvimos a rebasar.

A la tercera fue demasiado. Buscamos unas piedras, sacamos unos bollos y chocolate y les dejamos diez minutos de ventaja para perderlos de vista.

Llegando a Bulnes los aventajamos... y nos siguieron.

Había empezado a llover así que visitamos el pueblo y volvimos a protegernos junto al funicular. Nos sentamos en un banco y montamos todo el tinglado: comida, hornillo, termo,... Al rato llegó el grupo de su ronda y ocupó el otro banco. Nosotros íbamos a lo nuestro cuando vi a un par de niñas que estaban de pie con su bocadillo. Durante un instante estuve a punto de levantarme y dejarles sitio pero, en cuanto lo hice, vi que en su banco no había nadie sentado, habían dejado sus mochilas. Pobres, no se fueran a manchar.

La lluvia no cesaba y nos acordamos de las piedras pulidas del descenso, así que aprovechamos, preparamos un billetazo y en ocho minutos habíamos bajado a Puente Poncebos por las entrañas de la montaña.

Pd: Volveremos en verano; esto no puede quedar así.
Pd2: Yo, que había jurado no usar esa máquina infernal mientras las piernas me permitieran desplazarme... ¡Menuda jornada!

sábado, 6 de abril de 2013

Intimidad.

El cartel de la habitación no deja lugar a dudas. Lo ha escrito Aimar y Asier lo ha pegado bien alto. El mensaje es bien claro.

_"¡NO ENTRAR! ¿y por qué? ¡porque no!"


Pienso que siempre intento esforzarme en razonar, en explicar los motivos, en consensuar las decisiones tomadas. Tal vez sea que el discurso que reciba Aimar no sea el que pensamos y no entienda de las negativas nada más que eso, negativas a sus deseos. O tal vez sea que... mejor la directa y preguntárselo.

Toc, Toc.
_¿Se puede, chicos?
_No (al unísono).
_¿Y por qué?
_¡Porque no!- contesta Aimar.

No hay más explicación. La puerta cerrada es la frontera de su intimidad. No puedo pasar. Bueno, pienso, por lo menos así aprende la diferencia entre "por qué" y "porque", con sus acentos y todo.

Al día siguiente, el día del Padre, Aimar me dio la explicación:

_Aita, no queríamos que nos vieras envolviendo los regalos.

PD: También aplicó el orden correcto de los signos de admiración e interrogación.

martes, 2 de abril de 2013

Calendario abril.

En un embudo en el suelo, una araña espera su presa.


PD: Mientras se da una ducha.