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martes, 28 de mayo de 2013

Indiferencia.


PD: Que da lo missmo.

lunes, 27 de mayo de 2013

Tutti Frutti Jazz Project.

¿Cómo se disfruta la música?
De dos maneras, tocando o escuchando.

Asumidas mis limitaciones en el primer caso, este viernes aceptamos la invitación de mi amigo, Dizzy Dorronsoro, para asistir a un concierto muy especial. Era en la calle.


Bueno, exactamente en la calle, no. Nosotros estábamos en la calle pero el cuarteto, Tutti Frutti Jazz Project, se encontraba instalado en un pequeño escaparate.  Muy al estilo de Ámsterdam (salvando las diferencias).



 Pd: No todo sonó tan bien. Hubo un incidente entre mi cámara y el suelo que... ¡Oh, gravedad, ramera despiadada!

viernes, 24 de mayo de 2013

Anubis.

Es un cachorro de galgo y anda suelto, a su aire. Camina junto a su dueña. La mujer va comiendo un bollo. Con la izquierda sujeta un paraguas y la correa de un pequeño Yorkshire Terrier. Le faltan manos.
Se paran frente a un semáforo. De pronto, una paloma se posa junto a ellos. El galgo mueve una oreja, ladea ligeramente la cabeza y la ve. Lo siguiente es un ejercicio de contorsionismo en el que el cuello, las patas y la columna (por varios sitios) del animal se mueven en direcciones distintas. Tras el salto, las mandíbulas permanecen cerradas sobre un ala de la imprudente. El ave hace algún ademán de intentar soltarse pero cede enseguida. El yorkshire mira asustado al galgo mientras la dueña empieza a chillar y le suelta un paraguazo en el hocico.

_¡Anubis! ¡Suelta! ¡Eso no se hace!-grita.

Anubis aguanta el chaparrón. Es un cachorro, sí, pero es un galgo. La presa no se suelta.

Otro paraguazo y otro chillido.

_¡Anubis!¡Que sueltes!¡No seas malo! ¡Te he dicho que eso no se hace!

Anubis ya tiene bastante. Es un galgo, sí, pero es un cachorro. Abre la boca y la paloma cae al suelo.

El pájaro, aturdido, se aleja caminando. Parece que vaya diciendo: "Bah, no me has hecho daño". Quizás solo esté herido en su amor propio.

Los gritos continúan. El perro esconde el rabo entre las patas y agacha la cabeza. El yorkshire permanece al margen; parece que así le va bien.

Cruzan el semáforo mientras los gorriones dan buena cuenta del bollo caído en el suelo.

PD: El yorkshire no tiene nombre.

miércoles, 22 de mayo de 2013

600.

Como el utilitario de los 60, como el doble de los espartanos de la batalla de las Termópilas, como el año en que la viruela llega a Europa o la fecha en la que nace San Abundio (antiguo comparador de C.I.).

Seiscientas entradas, como en un concierto pequeño, como en un concurso de casi calvos, como el currículum de un defensa cañero.

PD: Y sumando.


martes, 21 de mayo de 2013

Siete (otro).

Hace dos semanas comenzó la cuenta atrás.
_Aita, faltan catorce días para mi cumple.
.....
_Aita, faltan trece días para mi cumple.
.......
Y así hasta ayer.

Los nervios eran evidentes. No todos los días se tiene conciencia de que se van a cumplir los años. Con seis, el tiempo discurre de otra forma, a trompicones: hoy es Navidad, mañana llega el verano. Con siete, ya no. Con la edad se va perdiendo poco a poco la ilusión infantil, la magia. Pero esa ilusión es sustituida por la dulce espera de la incertidumbre. Aimar llevaba dos semanas esperando sus regalos pero también llevaba dos semanas sabiendo que iba a cumplir siete años. Y sabe que eso es algo importante; su hermano se lo ha dicho.

Ayer contamos el último cuento con seis años. Trata de un niño que tiene los seis años muy gastados. En concreto tiene seis años y trescientos sesenta y cuatro días, y ya ha hecho casi todo lo que se puede hacer con esa edad. Al día siguiente despertará y empezará a hacer las cosas que se hacen con sus recién estrenados siete años.

Por de pronto, andar en monopatín y leer sus dos nuevos libros de pájaros.

PD: Uno de aves del mundo y otro "de los de aquí" (sic).

domingo, 19 de mayo de 2013

Pura vida.

Esta semana se ha quedado en el Everest Alexei Bolotov. En los diarios han remarcado una y otra vez su participación en el intento de rescate de Iñaki Ochoa de Olza en el Annapurna, allá por el dos mil ocho. Heróica, dicen. Y a buen seguro que Alexei Bolotov no diría nada, salvo que le preguntaran. Entonces contestaría que no, que aquello no fue un acto heróico, que era lo que tenía que hacer. Sin más.

Hace unos meses fui a ver el documental "Pura vida". En él hablan de aquel rescate, pero no desde el punto de vista de los familiares sino de los protagonistas del mismo.

Ueli Steck, the swiss machine, el escalador suizo con todos los récords posibles de ascensión de velocidad. El montañero metódico que tiene preparados con ocho meses de antelación todos y cada uno de sus entrenamientos diarios. Yes precisamente él, con esa mentalidad germánica, quien primero se pone en marcha y sube hasta donde Horia Colibasanu espera junto a Iñaki. Pero, por una vez, le traiciona el corazón y asciende con unas sencillas botas de trekking y una chaqueta del todo inadecuada para esa altitud. Sin embargo, la cordura se impone y a mitad del camino se encuentra con Alexei Bolotov con quien se intercambia las botas y sigue adelante. Un gesto brillante hace que Steck, con su pensamiento racional y poco emocional, sea quien salve la vida del dentista rumano. Sabe que no dejará solo a Iñaki en la tienda y le pide que le haga un favor. Asegura que le es imposible llegar a tiempo si Colibasanu no va a su encuentro y le abre huella. Cuando se cruzan el paso siguiente está claro. Horia no va a abandonar a Iñaki; Ueli ocupará su lugar. Sin ese truco, sin esa jugada de ajedrez a siete mil metros, ahora serían dos los muertos aquel día.

Denis Urubko, el escalador en mejor forma del momento es avisado cuando se encuentra fuera de la montaña. El kazajo, militar de profesión, recoge en un momento todo lo necesario para el rescate. No pregunta, actúa. Será él, junto al estadounidense Don Bowie quienes se arriesgarán y saltarán del helicóptero para intentar llegar hasta el enfermo y organizar el descenso. Un Alexei Bolotov, con edema pulmonar y recién descendido de la cumbre, se les unirá. Aunque nunca llegarán hasta la tienda.

Y es precisamente Alexei Bolotov quien más me llamó la atención. A esta fuerza de la naturaleza se le ve entrenar en un gimnasio destartalado. En un momento dado, aparece su madre deshaciéndose en elogios hacia su hijo. "Deja a su familia la despensa llena para un mes, y a nosotros también." Pero la escena más entrañable discurre en la cocina de su casa. Una cocina cualquiera, con un calendario en la pared y su mujer sentada junto a él.

_El éxito y la gloria no son nada para un alpinista. - dice Bolotov. Lo que llaman gloria no aporta nada a un alpinista. Esto no es fútbol o tenis. Esto no da dinero. El éxito, en el sentido que se le suele dar a esa palabra, no existe para el alpinista. No vamos a las montañas en busca del éxito. Y mucho menos de la gloria.

(y continúa)

Yo pocas veces voy por encima de mis posibilidades. Mi estilo es muy cercano a la prudencia.

_¿Puedo responder yo?-dice de pronto su mujer mirando al techo. Me parece que no es cercano a la prudencia. En las últimas expediciones se ha quedado solo. Salió solo para tres días, sin comunicación ni radio. Eso no se parece nada a la precaución.

¿Por qué no decir la verdad?-le reprocha a Alexei.

Habéis preguntado por la precaución y yo he hablado de la precaución, de que él no siempre suele ser precavido, suele cometer actos imprudentes.

Creo que no hay que ir solo a la montaña.

_Yo no voy solo.-se defiende Alexei.
_Tres días en solitario... -contesta la mujer.
_Ueli Steck hace esas cosas... Salió así, no lo hice a posta.
_No es la primera vez.
_La primera.
_No, no es la primera.
_¿Cuándo más?
_En el Annapurna.

La conversación se realiza en voz baja, casi en un susurro. No hay una palabra más alta que la otra. La mujer le reprocha su actitud pero sabe que él no va a cambiar; no puede cambiar. Él intenta defenderse para no preocupar más de lo debido pero sabe que es en vano. Bolotov confiesa que lo más duro es dejar a la familia preocupada durante ese tiempo.

Me quedo con unas frases de Alexei: "Las montañas por si mismas no significan nada, son solo piedras y hielo. Quien les da vida es el ser humano, al subirlas y hablar de ellas".

Pd: Este domingo se emite en la 2 el documental. Vale la pena verlo.

Pd2: El final, durante los créditos, es todo un alegato al espíritu de Iñaki.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Dopaje.

Por fin me decido ir al médico; esto no puede seguir así.

_Abra la boca... tosa... otra vez... Bien, ya está. Puede vestirse.
_Vale.(susurro)
_Bien, se toma esto... y esto otro.
_¿Para qué es?
_Esto es para la infección de la garganta y esto otro para bajar esas décimas.

Vuelvo corriendo a casa.

PD: Mañana me cronometro.

martes, 14 de mayo de 2013

Cosas que no entiendo.

¿Por qué, cuando estás afónico, la gente te habla bajito?

Pd: Como si toda mi vida fuera un secreto.
Pd2: pssst, pásame el pan.

jueves, 9 de mayo de 2013

Más de lo mismo.

De la alergia al resfriado en un decir ¡Jesús!

PD: Tiene narices la cosa.

lunes, 6 de mayo de 2013

Alergia.

"Que malo es estar borracho sin haber bebido."
                                                                Proverbio mío

PD: Y cada vez que estornudo brindan conmigo: "¡Salud!"

Urepel (10.560 dm.)

Rondaban las diez de la mañana del pasado sábado cuando redesayunábamos en Leitza. Nuestro objetivo,  subir a Urepel desde Ixkibar. Bajar... bajar ya veríamos por dónde.

Dejamos el coche junto a otros tres. Un grupo de unas ocho personas tomaba rumbo directo a Izaieta, por la pista . Fue la última vez que vimos a nadie con mochilas en toda la jornada. Sin mochilas, a dos caseros y a un grupo de moteros que nos anduvieron mareando todo el día.

Comenzamos la ruta bajo un día claro y fresco, el mejor para caminar. Las predicciones auguraban que el tiempo mejoraría, pero nunca hay que fiarse demasiado de esas predicciones; a saber con las tripas de qué animal las habrán hecho. Íbamos cogiendo altura en amplios y cómodos zigzag, evitando los atajos rompe-piernas. Al rato llegamos al hayedo. El verde de la primavera sigue reluciendo en las hojas, fresco, intenso, reconfortante. Nos tomamos el primer respiro y chocolate, y disfrutamos de ambos.



Continuamos subiendo y salimos del bosque. De pronto, un ruido de motor hizo callar a los pájaros. Nos volvimos y pudimos ver a los trialeros disfrutar de su afición sin molestar a casi nadie (solo éramos cuatro). Recorrieron toda la cresta y confiamos en que no destrozaran la cima. Por fortuna la evitaron y solamente reacondicionaron el camino que bordea la ladera.

Con la meta a la vista, y ya fuera de senda, llegamos a Urepel (10.560 dm.) a la hora del mediodía (hora solar). Las nubes bajas nos tapaban las vistas esperadas mientras una niebla suave amenazaba desde el oeste. Rellenamos la hoja para el buzón y descansamos un rato.

(unos ven un homenaje a Chillida, otros un puño americano)

Con un pie en Navarra y otro en Gipuzkoa comimos algo. La amenaza de niebla se fue por donde había venido y decidimos volver por otro camino. Tomamos dirección oeste. El primer tramo de bajada fue incómodo. Sin darnos cuenta nos íbamos internando en terreno de cazadores. Palomeras,  plataformas, escaleras,... la ladera estaba repleta de puestos de caza. Seguíamos la línea de la alambrada oxidada pero cada dos por tres un árbol o unas grandes ramas de pino (caídas o taladas) bloqueaban el paso y teníamos que retroceder para rodear el obstáculo. Parecía que hacía tiempo que nadie había ido por allí y la huella estaba cubierta por agujas de pino hasta casi desaparecer. A la media hora nos cruzamos con la pista y continuamos la excursión más relajados.

Todavía no habíamos comido, e iba haciendo falta. Para nuestra sorpresa, al superar un paso, nos encontramos con un majestuoso refugio abierto.


En el exterior, una mesa de hormigón para una docena o más de personas nos esperaba calentada al sol. En el interior, otra mesa tanto o más grande, fregadera, chimenea y barbacoa para otro día que llueva. Disfrutamos del lugar y la comida y encaramos alegres y contentos el último tramo de la jornada, no sin antes borrar del lugar cualquier vestigio de nuestro paso.

Nos quedaban unos kilómetros hasta empalmar con la pista de Leitzalarrea y aún hubo que bajar y subir un par de pendientes (algunas bastante pronunciadas). Pero no tuvimos mayor problema y llegamos sin novedad a Izaieta donde flexionamos el cuello frente a los abetos gigantes. Unos metros más adelante, encontramos el lugar al que, hace dos meses, prometimos volver. Los renacuajos ya campaban a sus anchas y media docena de salamandras les acompañaban en su metamorfosis. Mientras estábamos ensimismados en la charca, los moteros nos volvieron a pasar. Iban de pie, sobre los estribos. Los muchachos y yo comentamos que aunque fueran de pie eso no cuenta como andar.


PD: De parte de Asier: "Los renacuajos hacen cosquillas con la cola partida."
PD2: Y un café en Iruso de los que hacen afición.








miércoles, 1 de mayo de 2013

Calendario Mayo.

Alegría y alergia solo difieren en el orden de dos letras.


PD: Y la tilde.