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sábado, 31 de enero de 2015

2x1.

Este pasado jueves, 29 de enero, Asier y Aimar reciben dos cartas con sorpresa.


Corresponden a la nota que dejamos en Altzegi el 29 de diciembre, justo hace un mes. Sin embargo, donde nosotros escribimos una, nos devuelven dos. En cada carta, una preciosa postal de un San Sebastián antiguo y, en la de Asier, al pie de lo escrito por los muchachos, una felicitación del año junto al detalle de cuándo fue recogida.

Recibimos como lo que son, un regalo, estos detalles y agradezco profundamente que haya gente que se esfuerce tanto en procurar una sorpresa a unos desconocidos. Los muchachos abrieron las cartas emocionados, sobre todo Aimar, que no recibe muchas a su nombre, y permanecen ya, atesoradas en su caja de los recuerdos.

PD: Ir al monte deja muchas más huellas que las que hacemos en la nieve.

domingo, 25 de enero de 2015

Basajaun de Atarrabia.

Asier y Aimar, Fanjul Arana anaiak, reciben carta desde Villava (Atarrabia); la firma Basajaun. Nos devuelve la nota que los muchachos dejaron en la tradicional salida navideña, que este año fue a Ernaitzu e Ireber, acompañada de dos pegatinas ecologistas. Es la del buzón de Ernaitzu.


Es una carta larga, en euskera, y en ella habla de cómo, tras encontrar la nota y ver lo lejos que estaban de su casa, quiso hacerles un regalo. Dice que ya no se oyen como antes las voces de los jóvenes por los montes, que echa de menos disfrutar de sus risas, que el monte es un buen lugar para celebrar la vida,...

Asier guarda la carta en su caja de recuerdos, Aimar pone la pegatina en el armario y yo le doy las gracias mentalmente a Basajaun por alegrarnos el día.

PD: Gracias, Basajaun, Señor del bosque.

viernes, 23 de enero de 2015

Delirios de grandeza.

Soy el más alto de esta casa... Soy el más grande de esta casa... Soy el que tiene la temperatura más alta de esta casa.

PD: 38,7ºC.
PD2: ¡Malditos virus de la gripe! ¡Así os achicharréis!

jueves, 22 de enero de 2015

Año electoral.


PD: Feliz nonagésimo quinto aniversario, metro de Madrid.
PD2: Aunque el año electoral es el 2015 y tenían que haber celebrado el nonagésimo sexto.

miércoles, 21 de enero de 2015

Singularidades donostiarras.

Hoy es 21 de enero, comienzo del año para los donostiarras. No es que tengamos un calendario distinto sino que, aquí, ciertas decisiones se posponen veinte días respecto al resto del país. Nadie que se haga llamar donostiarra de pro inicia un régimen el 2 de enero; ni siquiera el día 8, si consideramos el día de Reyes como comestible. "¿Para qué?", se preguntan los donostiarras, si la víspera del 20 nos espera una cena como si no hubiera mañana. Y es que ese es el principio de una fiesta en la que tocamos el tambor (o barril) durante 24 horas seguidas, interpretamos las mismas canciones del ínclito Raimundo Sarriegui y nos divertimos vistiéndonos al estilo de cocineros y soldados napoleónicos, celebrando unos hechos históricos que poca importancia tienen ya a estas alturas.

(La última fila de tambores de la s.f.g.)

Tampoco los donostiarras llenan los gimnasios a primeros de año, ni empiezan una colección, ni hacen limpieza en su casa. En su lugar, comienzan los ensayos de la tamborrada, añaden una nueva medalla o adorno a su traje, y arreglan su uniforme para el gran día.

Son pequeños retazos que conforman nuestra idiosincrasia. Somos así de sencillos.

PD: Si quieres conocer las respuestas a esas preguntas que te haces sobre la tamborrada, lee aquí.
PD2: El día 21 se celebra el patrono de las tintorerías.

lunes, 19 de enero de 2015

Águilas de acero (Rous).

Mi amigo, Rober, hace música.



PD: Nada más que decir, solo escuchar.

martes, 13 de enero de 2015

Año nuevo, viejos métodos (Erniozabal 10.100 dm.).

Coincido con  iK en la importancia de la primera cima del año y decidimos compartirla (en lugar, que no en momento) con nuestro guía favorito. El sábado, 10 de enero, subiríamos a Erniozabal (10.100 dm). Consultamos los detalles más importantes y recibimos consejos muy interesantes. Siguiendo el primero de ellos, antes de subir a Urkizu, nos detuvimos en Tolosa para redesayunar en la cafetería/pastelería Eceiza. Como primera visita, procedimos a una degustación, quedando clasificado en primera posición el cruasán, en un empate técnico con el brioche. El ocho de crema (opción de Asier), se alzó con una muy honrosa segunda plaza quedando la palmera de chocolate (en la que Aimar había depositado todas sus esperanzas) descalificada por compacta y poca dulzor en su cobertura. Las posibilidades de elección eran excesivas para un solo día por lo que, en futuras ascensiones, continuarán las catas.



Cogiendo altura por la carretera nos encontramos con una inesperada niebla; fría, cerrada. Pero aún no nos habíamos terminado de lamentar por nuestra mala suerte cuando la superamos y pudimos contemplar el espectáculo del mar de nubes sobre Tolosa. Así las cosas, toda la jornada disfrutamos de un sol radiante y una temperatura agradable, tal vez incluso algo elevada para la ropa que llevábamos.

Llegados a Urkizu, calzamos las botas, cargamos las mochilas y nos dispusimos a caminar. En esta ocasión, había preparado la ruta con Asier a la antigua usanza: consulta en el libro de Imanol Goikoetxea, copia del mapa de la zona, anotación de la altitud de los puntos más importantes y marcado del contorno del camino; nunca es pronto para coger buenos hábitos. Aunque para ser sinceros, recordé que "a la antigua" del todo tampoco era y que con mucho menos también se sube. También contábamos con las reseñas de Josean, que muy bien hubieran bastado para hacer la ruta, si bien adornamos el paseo para convertirlo en aventura.


Teníamos la posibilidad de dejar el coche a la altura de las antenas, reduciendo hasta casi paseo la jornada. Sin embargo, ni el desnivel, ni la longitud del recorrido eran excesivas, con lo que optamos por hacerlo desde el pueblo. Lo agradecimos. Burras amamantando a sus crías, esporas de helechos, perros ladradores y poco mordedores, fuentes... El primer tramo por el gurdibide (no por la pista cementada) hasta el comienzo del sendero es un recorrido humanizado que nos dejó un grato recuerdo.

(Esporas de helecho a la espera de ser plantadas en nuestro balcón)

 Continuando la ascensión, renacuajos, buitres, topos,... contamos en toda la jornada hasta dieciséis especies de animales entre aves, insectos, reptiles, anfibios y mamíferos. Asier no tuvo mayor problema en orientarse. La senda era franca y bien marcada, y la seguimos fácilmente. Pero habíamos llevado el mapa y había que usarlo. Así, en los cruces consultábamos la brújula y él decidía. Incluso en uno en el que las dos huellas seguían la misma dirección echamos un vistazo a las curvas de nivel. Llegados a Lizarbakarra paramos a comer algo.



Ya con las fuerzas recuperadas nos enfrentamos al último repecho y alcanzamos la cumbre para disfrutar contemplando el mar de nubes, asomando algunas islas solitarias en el gran blanco.

(El de blanco con gorra negra oteando el mar blanco)

Lamentablemente no queda ningún buzón en uso en Erniozabal, con lo que no pudimos dejar la carta.


 Terminamos el día en el frontón de Urkizu comprobando las diferencias entre los juegos de ayer y hoy.

(Remedando a Legolas, que no a Robin Hood)

Cuando la niebla empezó a subir, nosotros bajamos y nos volvimos a casa tan agustito.



PD: Como se ha podido apreciar, también empleamos las nuevas técnicas para escoger, consultar, decidir y organizar la excursión.
PD2: Ya empezamos el año pasado con la brújula y el altímetro, pero no continuamos. En esta ocasión, me lo pidió Asier y preparamos todo juntos.

viernes, 2 de enero de 2015

Altzegi (10.190 dm.), tras las huellas del zorro.

A veces me pregunto por qué planteamos siempre las excursiones (sobre todo a finales de otoño e invierno) teniendo en cuenta las horas de luz. El lunes, veintinueve de diciembre, recordé por qué.

Salimos de Ixkibar a las once de la mañana, ya redesayunados y bien abrigados. En Leitza el termómetro bajaba de los cero grados. Sin embargo, no hacía viento y el sol coqueteaba con las nubes, calentándonos de vez en cuando. El caminar era agradable.

Había nevado hacía poco. Era una nieve polvo que cubría las mesas de la zona y los niños se entretuvieron jugueteando con ella como si fuera sal. Se hacía difícil compactarla para conseguir una triste bola que lanzar así que seguimos andando, cogiendo altura.

Pasamos por unas bordas y llegamos a la zona de las palomeras. Siendo lunes y con nieve reciente, íbamos abriendo huella. Aunque en realidad no era exactamente así. El rastro de algún animal, posiblemente un zorro, llevaba nuestra misma dirección y parecía indicarnos el camino. La nieve no era tan profunda como para hundirnos en ella pero sí lo suficiente como para borrar la marca del sendero en la tierra. Acometimos la ascensión a la cresta.

Nos dirigíamos hacia una peña y decidimos atacarla por la izquierda. Llegó un momento en el que tuvimos que andar monte a través, entre la argoma, para poder coger altura y alcanzar la cresta. Y cresteando, cresteando, llegamos a la cima de Altzegi (10.190 dm.)



Tras casi tres horas de caminata, comimos el bocadillo, nos hidratamos con agua y chocolate caliente (más chocolate que agua) y dejamos la nota en el buzón de Altzegi (o Altzadi, que es lo mismo).



Desandar lo andado no parecía la mejor opción. La zona de la peña daba la impresión de ser algo peligrosa para el descenso. La pendiente se me hacía excesiva para bajar por ella con seguridad y pensé en otra posibilidad. El mapa marcaba que por la ladera discurría el GR-121, llegando hasta la zona de las palomeras, y continuamos por la cresta en dirección a Urepel para enlazarlo. Las huellas del zorro volvieron a aparecer, aunque algo extrañas; eran dos.


Consideramos la opción de subir a Urepel y seguir por un camino conocido para el descenso pero preferimos la comodidad de un GR antes que intentar buscar la senda a través de la nieve virgen.

Y ese fue mi error.

Ya no existe el GR; al menos, no por ahí; al menos, no con nieve. Encontramos, no sin dificultad, el cruce que nos llevaría de vuelta y lo empezamos a seguir. En sentido opuesto, a apenas 400 metros, dejábamos el conocido descenso del Urepel. ¿Teníamos que haberlo cogido? Tal vez sí, pero en ese caso ya se habría terminado la entrada del blog; y no es el caso.

La senda, más que camino, se borraba por momentos. Un par de veces descendimos demasiado y tuvimos que volver a coger altura para no perderlo. Llegados a un punto, nos encontramos con un obstáculo.


Aquello ya no parecía muy normal. Lo saltamos (bueno, saltar, saltar... lo sobrepasamos) y continuamos. Poco a poco, empezaron a aparecer más arbustos y maleza, hasta que el camino desapareció. Así, sin más. Desapareció.

Ya habíamos perdido demasiada altura como para volver a la cresta. Teníamos que seguir. Sin embargo, temía descender hacia el río e internarnos demasiado en el bosque. Por fortuna, un poco más adelante, encontramos de nuevo las huellas del zorro, las seguimos y nos llevaron de regreso al camino.

El sendero se fue ensanchando y nos tranquilizamos. Aquello ya tenía pinta de pista forestal y apretamos el paso. Pero, tras un recodo, nos encontramos con algo que no esperábamos. En mitad de la pista, un buen número de árboles jóvenes crecía a sus anchas. Definitivamente, esa pista estaba abandonada. No estábamos en el camino correcto pero, ni por encima, ni por debajo, se veía nada mejor. Seguimos andando por ella hasta que, una vez más, se esfumó.

Pero las huellas del animal seguían a media ladera y las tomamos como una buena señal. Y acertamos. Al rato, enlazamos la vereda que nos devolvería al camino de vuelta. Habían sido dos horas  caminando por el bosque y, a partir de ahí, desanduvimos la ruta conocida disfrutando los colores de un invierno recién llegado.


Y así, tras cinco horas y media de caminata, regresábamos al coche.

Media hora después, caía la noche.

PD: No, no nos perdimos, nos extraviamos.
PD2: Perderse: no saber dónde se está, ni qué camino seguir.
PD3: Extraviarse: saber dónde se está y qué dirección tomar pero no estar en el camino que uno quiere.
PD4: Gracias, amigo cánido.

jueves, 1 de enero de 2015

Calendario enero.

Comencemos el año manteniendo las tradiciones.


PD: No podía faltar también la tradicional postdata.