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lunes, 25 de enero de 2016

Fidelidad castrense.

La última fila de tambores de la s.f.g., se mantiene fiel a su cita.


PD: Cada vez que me pongo esos ceñidos pantalones "napoleónicos" y esa ajustada casaca, entiendo el porqué del épico valor de los soldados franceses; no hay quien se agache.

domingo, 24 de enero de 2016

Bienvenidos a Astiz.

Buscábamos un sitio donde dejar el coche, y lo encontramos en el desvío a las cuevas de Mendukilo.  Había una campa nevada cerca y nos pareció un buen lugar para volar el nuevo juguete del Olentzero. Estábamos solos, pero no por mucho tiempo. El resto de vehículos con niños ávidos de nieve nos vieron a un lado de la carretera y se detuvieron pensando que ese era un buen lugar; así somos los animales gregarios.

Y el caso es que lo era. Enfrente, una cuesta nevada (bastante más pequeña que las de Albi pero apañada) satisfizo las ansias de deslizamiento infantil, vistos los chillidos emitidos. Nosotros, una vez agotadas las baterías, sacamos el txanpero/trineo y ocupamos nuestro lugar en la pendiente. Lástima que la nieve caída no fuera suficiente y yo me manchara más de un color innoble que de blanco.

Era aún temprano cuando nos cansamos de subir y bajar. Enseguida descartamos comer la tortilla francesa y el embutido fríos y sopesamos regresar a casa. Una buena idea de Asier nos llevó a ir a conocer el resto del valle. En su día estuvimos en Oderitz con un muy buen recuerdo; a ver hasta dónde llegábamos hoy.



Y llegamos a Astiz. Aimar ya había estado con el colegio hacía un par de años y decidimos detenernos para dar un paseo.

(parrillas de frigorífico recicladas)


El pueblo es pequeño pero muy bonito. Subimos, bajamos, jugamos un poco con la nieve y regresamos hacia el coche cuando lo vimos: el albergue. Entramos con curiosidad y entonces ...



No hizo falta más para saber que habíamos llegado a nuestro destino. Pregunté, con respuesta afirmativa, por unos huevos fritos con txistorra y nos quedamos a disfrutar de la tarde: comimos pausado, jugamos con los juegos de mesa, tomamos café y helado (cada cual lo suyo) y regresamos a casa con la sensación del deber cumplido y un sitio más en nuestro álbum de recuerdos.

Días después, Imanol me avisó del menú que se escondía en la sala del mirador. Ese día no lo echamos en falta pero me lo guardo para la siguiente.

PD: Y una visita a las cuevas ¿verdad, Imanol?

lunes, 18 de enero de 2016

Adaptándose a las circunstancias.

El sábado, 16 de enero, tras las recientes nevadas, algo dentro de nosotros nos pedía pisar mullido, pero no hierba. Como siempre en estos casos, consultamos con nuestro guía favorito por si conocía la situación de primera mano y decantarnos entre una ruta u otra. Cómo no, nos dio información actualizada y escogimos la ascensión a Txorrotxeta por Frantsez Erreka.

En un principio, con los dos pares de raquetas de que disponemos podríamos apañarnos. Aimar no pesa demasiado y Asier tampoco, amén de que éste último calza un 38 y posee su propia raqueta natural. Sin embargo, una pequeña lesión en el aductor mayor de Aimar ese mismo jueves, nos dejó a Asier y a mí como únicos representantes familiares. Y así, el sábado, temprano, nos encaminamos hacia Lekunberri.

No éramos los primeros, no quedaba ningún cruasán como Dios manda. Únicamente uno con los bordes untados en chocolate duro y unos lacitos de hojaldre nos separaban del ayuno, con lo que los aceptamos a rebañadientes. Sí, no es un error, digo rebañadientes porque el cruasán estaba relleno de una nocilla que nos dejó una dulce sonrisa, y un pegajoso trabajo posterior.

Salimos contentos, sabiendo que el resto de la gente iría hasta las campas de Albi y, previsiblemente, no tendríamos mayor problema en aparcar. No lo tuvimos, pero no donde pensábamos. Justo al comienzo del camino, a la altura del primer desvío hacia los pueblos de Larraul, una patrulla de la Policía Foral impedía el paso. Lo más seguro que el quitanieves estuviera franqueando el camino hasta el Santuario pero, mientras tanto, nadie podía subir. Tras un instante de duda, tomamos el desvío hacia la izquierda y buscamos una campa. Pasamos por Alli antes de encontrarla.



En el maletero llevábamos algunos artilugios para complementar la jornada, y daríamos buen uso de ellos.



A fe que lo hicimos.

PD: Y con broche final.
PD2: Continuará.

sábado, 9 de enero de 2016

Mola viajar.

Durante las vacaciones, Asier tiene que hacer unos deberes para la asignatura de Lengua. La profesora les ha pedido que escojan una ciudad, busquen información en internet, copien unas fotos y hagan un powerpoint con una exposición de dos o tres minutos.

Me lo comenta y decidimos aprovechar el viaje navideño para ver a los primos y hacer el trabajo sobre Oviedo. Así, respecto a la información, nada de copiar y pegar de la wikipedia. Son años ya por aquellos lares y tenemos suficientes datos como para ir cumplidos: lugares para visitar, monumentos, edificios emblemáticos, iglesias ("Aquí hicieron la comunión los primos"), paisajes... Incluso apuntamos alguna que otra curiosidad de los ovetenses (o carbayones), como su amor por los árboles, los perros vagabundos y las estatuas de bronce.


Ya metidos en harina, no queda otra que hacer también las fotos. La lluvia, que no ha aparecido en todo el invierno, pretende aguarnos la fiesta, pero no lo consigue y da un toque muy ambientado a las imágenes. Asier y yo, recorremos la ciudad buscando los mejores encuadres y él le da al botón de la compacta.

_¿Hago otra, aita?
_A ver... no hace falta, perfecta. ¡A la siguiente!

Vamos con cierta prisa. Compromisos familiares y trabajo no son buena pareja, pero vamos quedando en diferentes lugares con la familia y aprovechamos el recorrido para hacer la labor.

Hay un momento de crisis cuando buscamos una instantánea que abarque las fiestas del martes de campo y de los San Mateos. Un conocido escaparate, cerca de la plaza del Fontán, nos saca del apuro.


Antes de volver a casa, Asier termina de montar el trabajo y nos lo enseña. Por lo que sabe de sus compañeros, tendrá que competir con Nueva York, Londres o Madrid.

Lo tendrán difícil para igualar esos chorizos.

PD: Todas las fotos son de Asier.

viernes, 8 de enero de 2016

Memoria.

_Pero, Sergio, ¿cómo te acuerdas de todas las fechas señaladas y cumpleaños (incluso de los que no tienen cuenta en Facebook)?
_Sencillo. Es cosa de tener buena memoria.



PD: Y acordarse de volverlos a apuntar en el dietario del año siguiente.
PD2: Y de pasar una hoja cada día.
PD3: Y de paso, que los demás también se acuerden (ejem).

domingo, 3 de enero de 2016

Algunos van cayendo.

Ante la vorágine gastronómica de estos días, algunos van cayendo.

El Olentzero pide tiempo muerto.


PD: Yo voy bien, gracias.

sábado, 2 de enero de 2016

Propósitos de Año Nuevo.

Uno de mis propósitos de fin de año, para el Año Nuevo, fue el de no ponerme nervioso cuando algo no sale como quieres. Siempre es mejor intentar buscar una solución antes de mandarlo todo a paseo. Quedó muy bonito cuando lo pensé (y lo grabé) pero no sospechaba que fuera a tener que ponerlo en práctica tan pronto.

El 1 de enero, despertó nublado. A Nieves le apetecía darse un chapuzón en la playa, como el año pasado, pero yo me había levantado perezoso. Con todo, los muchachos y yo llevamos las cometas, aunque no parecía soplar demasiado viento. Para evitar llenarme de arena, bajo el chándal me puse el traje de baño y nos fuimos dando un paseo.

El viento apenas levantaba las cometas para dejarlas darse un mamporro cuando cesaba. Aprovechamos para jugar un poco con el balón, cuando Nieves salió del agua.

_¡Está buenísima! ¿No te animas?

En ese momento me entraron las ganas de empezar el 2016 como hicimos el 2015. No fue un mal año, así que igual era buena idea al fin y al cabo.

_¿Has traído la tarjeta del patronato (de deportes)? - me preguntó.
_Vaya, no.
_Que pena.

Tampoco era cuestión de darse un baño sin ducha caliente posterior; eso era obvio. Sin embargo, recordé mi buen propósito y pensé: ¿Pena? ¡Hoy, no!

Cogí la mochila, les dije a los muchachos que me iba al agua y me fui a las cabinas. Tenía unas monedas por ahí guardadas y me dirigí a las taquillas. Lo estaba consiguiendo.

_Mmm, tienes poco tiempo, majo. Cierro a la una y media y ya son y cuarto.- me dijo el de las cabinas.
_No importa- le contesté- tampoco voy a aguantar mucho.

Me cambié rápido y salí, justo a tiempo para pillar tres olas gigantescas que me hicieron recordar con nostalgia la mar en calma del año pasado.

_Tal vez sea una señal de que va a ser un año turbulento - comenté con Nieves.

Y me tiré de cabeza.

Llevaba en la mano la cámara, que había llevado para grabar las cometas, pero cuando la puse en marcha para dejar constancia del evento, la batería dijo que, nanay, y que ella ya no trabajaba más. Un ligero sentimiento de frustración se intentó apoderar de mi, pero me repuse.

Salimos del agua y nos dimos una ducha caliente. Devolvíamos la llave a la una y veintinueve. Mientras Nieves iba a por los niños, yo me dirigí de nuevo a la orilla. Llevaba el móvil en la mano, y sonreía. Si no podía sacar un vídeo con la cámara, lo haría con el móvil. La bahía presentaba un aspecto cuando menos poco acogedor y primero hice una foto. Cambié el modo a vídeo y el teléfono se alió con la GoPro, diciéndome adiós en silencio.

No me importó, me valía con la foto.


PD: Con el oleaje, me puse de oligoelementos hasta arriba.

viernes, 1 de enero de 2016

Calendario enero.

Yo ya tengo mis buenos propósitos de este año concretados y en marcha. Empecemos por el primero.



PD: Feliz año nuevo a todos los lectores de este blog; conocidos, desconocidos, declarados y anónimos.
PD2: Podéis aprovechar el hueco de los comentarios para saludar, queridos todos.