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jueves, 9 de marzo de 2017

Urraki (8.250 dm.)

El sábado, 4 de marzo, retomamos nuestra rutina montañera tras el parón de febrero. Sin embargo, las predicciones meteorológicas no auguraban nada bueno o más bien, un poco de todo: mañana buena, primera hora de la tarde desastrosa y final del día, aceptable. Con todo eso en mente, optamos por un recorrido sencillo y accesible lo que, madrugando mediante, podría llamarse una mañanera.

Y madrugamos.

Madrugar no tiene mérito si te acuestas temprano. Lo que sí lo tiene es saltarse el redesayuno. Pero aquí también hicimos un apaño y nos llevamos los cruasanes y un termo de chocolate para el inicio.

Llegamos pronto a Beizama. Situado en el centro de la provincia tiene el título de Noble y Leal Universidad, como así reza el escudo situado en el frontón.


Y en la plaza del pueblo.


Una vez situados y con el redesayuno casero terminado, comenzamos a subir rumbo al verdadero centro geográfico de Gipuzkoa, Urraki (8.250 dm).

La ruta transcurre plácida por una pista entre caseríos y ermitas hasta llegar a la de San Lorenzo. Desde allí, tras pasar una cancela bien engrasada, sube por un camino que lleva hasta Illaun pero del que hay que desviarse por una senda rebuscada; un recorrido sencillo y solitario.

Llegados a la cima, encontramos el buzón unos metros más abajo y dejamos nuestra nota.


El sol lucía por entre un nubes de borreguito pero, desde nuestra atalaya, podíamos ver lo que se acercaba. En la zona de Anboto, un cendal caía de las nubes dejando claro que no podíamos entretenernos demasiado.

Pero lo hicimos.

Comimos plácidamente al cálido sol del invierno, recogimos nuestras cosas y volvimos al bosque por el que habíamos subido. Cuando salíamos de él y llegábamos al collado, el límpido azul había desaparecido y lo que estaba lejos, ya no lo estaba. Sacamos los chubasqueros de la mochila y se abrió el cielo; pero no para llover.

Granizó, nevó y nevó con más fuerza hasta que regresamos al pueblo. Tuvimos un hueco justo para cambiarnos de ropa e ir al frontón antes de que, ahora sí, se pusiera a llover.


Tras un rato de asueto, buscamos un lugar para un café caliente y lo encontramos frente a la iglesia, que estaba cerrada pero...


... con una gran cerradura.


En los soportales del ayuntamiento una barbacoa a pleno rendimiento daba color a unas chuletas de las de ponerse morado. Entramos con dolor en el bar arrepintiéndonos de habernos comido los bocadillos tan temprano y volviéndonos a arrepentir cuando vimos el comedor repleto de gente que aún estaba con el primer plato.

PD: Si algo aprendimos en la Universidad de Beizama es que no hay que darse prisa en comer.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Ayer pensé en Bidania, pero, a pesar que estuve hace pocos meses por Beizama, no me fije en lo de "Universidad". De lo contrario, hubiera triunfado, porque Urraki lo tengo en la lista de pendientes.

Todo un mérito ir "solo" con tus hijos al monte, aun a día de hoy. Qué grandes recuerdos para tí.

Iñaki

Sergio dijo...

Soy consciente de lo que dices, Iñaki, y créeme que atesoro todos estos recuerdos. A Beizama vimos que se accede mejor desde Azpeitia que desde Tolosa. De hecho, desde allí llega el autobús de línea en tanto que el acceso desde Bidania termina en una carretera muy justa para dos vehículos.